Asadazo en Oberá: un abusador condenado maneja el merendero

La polémica entre veganos y carnívoros que la semana pasada trascendió las redes sociales y generó una avalancha de solidaridad a favor de dos merenderos de Oberá, también permitió detectar que uno de los emprendimientos funciona en el domicilio de un sujeto condenado por abuso sexual.

El 27 de noviembre de 2014, en juicio abreviado, el Tribunal Penal Uno de Oberá condenó a Juan Alberto B. (45) a tres años de prisión en suspenso por abuso sexual en perjuicio de cuatro niñas que estaban alojadas en el Hogar Mitaí, dependiente de la Municipalidad.

La denuncia fue radicada el 4 de marzo del 2011 por una psicóloga que trabajaba en la institución que alberga a menores judicializados.

Las víctimas eran nenas que al momento de la denuncia tenían 5, 11, 17 y 18 años, las dos mayores con diferentes grados de discapacidad, lo que las hacía aún más vulnerables.

En tanto, en la edición del 2 de abril del año pasado, El Territorio informó que el sujeto y su esposa tenían un merendero en su casa, en el barrio Villa Cristen de Oberá.

Pero los recientes hechos confirmaron que aquella alerta fue subestimada por las autoridades, al punto que el último domingo el violador condenado preparó el asado que se gestó por Twitter en el marco la conocida “grieta” entre veganos y carnívoros.

“El grupo vegano este se niega a darnos la dirección del merendero donde asisten los chicos cuando se los pedimos para llevarles toda la comida que vamos a comprar con lo que ustedes donaron. Literalmente no quieren que los chicos coman”, escribió el usuario DAN @GordoMonstruo.

Luego, en el mismo hilo de Twitter informaron: “Encontré el merendero de DAN. Se llama Caritas Felices y los propietarios son Juan Alberto B. y Élida Ester F.”. También asistieron a un segundo merendero.

Sin registrar
Precisamente, en los días previos la esposa del sujeto comentó sus expectativas en diferentes medios y agradeció el apoyo de veganos y carnívoros.

La mujer es empleada municipal y años atrás era una de las encargadas del Hogar Mitaí, donde se perpetraron los abusos que luego derivaron en la condena a su marido.

Ayer, ante la repercusión del “asadazo” del domingo, el diario El Territorio consultó al secretario de Desarrollo Humano de la Municipalidad de Oberá, Rafael Marques Da Silva, quien aclaró que el merendero Caritas Felices no está registrado ni depende de la comuna, al tiempo que reconoció la necesidad de legislar sobre el accionar de agresores sexuales condenados.

“Realmente no sabía que este merendero estaba funcionando, pero no depende del municipio ni existe una norma que regule el funcionamiento de los mismos. Con relación a los antecedentes de esta persona, nos falta un andamiaje legal para contar con los antecedentes penales de inmediato. Por eso, esto debería ser un disparador para un debate a otro nivel”, remarcó.

En ese contexto, el funcionario puso como ejemplo países que cuentan con registros de agresores sexuales, lo cuales no se pueden acercar a lugares donde haya chicos.

“A nosotros nos falta todo ese tipo de cuestiones. Tampoco podemos actuar sobre la presunción, pero sí podemos recomendar a los vecinos que no expongan a los chicos. Por ahora no tenemos otra herramienta, más que eso”, subrayó.

Y agregó: “Esta situación sirve para poner en evidencia la necesidad de regulaciones. Hay muy buenas leyes para la protección de los niños, pero nos falta esa parte. Hoy no puedo ir y clausurar, por más que haya una condena”.

Solicitaron intervención
También en la víspera, desde Acceso a la Justicia tomaron contacto con funcionarios municipales para expresar la preocupación sobre el accionar del sujeto en cuestión, sus antecedentes e interacción con niños vulnerables.

Vale recordar un dato estremecedor del expediente que derivó en la sentencia a Juan Alberto B.: las víctimas contaron que en ocasiones el hombre les ofrecía comida y las llevaba a la cocina, les daba una fruta y ahí las sometía.

Hoy, a casi una década de la primera denuncia, el sujeto tiene un merendero en su propia casa al que asisten decenas de niños carenciados en busca de comida, lo que constituiría un claro modus operandi.

Al respecto, desde Acceso a la Justicia explicaron que “por el momento no tenemos cómo fundamentar una denuncia porque formalmente no se violó ninguna ley, pero eso no quiere decir que los niños no estén en riesgo”.

Por ello, anticiparon la intención de “solicitar la intervención de la Defensoría del Niño para la redacción de un proyecto que permita evitar que los agresores sexuales condenados vuelvan a tener contacto con niños”.

En el expediente judicial se probó que el imputado manoseaba a las niñas, por lo que fue condenado a tres años de prisión en suspenso por “abuso sexual sin acceso carnal calificado por la guarda de hecho”.

Fuentes del Tribunal Penal confirmaron la sentencia de noviembre del 2014 por abuso sexual. Incluso, mencionaron que oportunamente la defensa del imputado había solicitado la posibilidad de realizar tareas comunitarias, lo que fue desestimado.

También aclararon que el sujeto cumplió su pena y el Tribunal no tiene injerencia sobre el control de las actividades del mismo.

“Les ofrecía comida”
Con respecto a la denuncia del 2011, las víctimas ingresaron al Hogar Mitaí entre mayo del 2008 y diciembre 2010. Las dos mayores, quienes entonces tenían 17 y 18 años, presentan diferente grados de discapacidad y requirieron la asistencia de profesionales para detallar los sucesos vividos.

De esta forma, las adolescentes describieron los hechos que incluyeron manoseos y otras prácticas aberrantes, aunque la justicia no probó el acceso carnal.

“Las dos chicas más grandes fueron abusadas antes de llegar al hogar, donde en vez de hallar paz y seguridad, volvieron a ser sometidas”, comentó una fuente del caso.

Recordó que los abusos fueron alertados por la más pequeña de las nenas, quien aprovechó las vacaciones de la encargada para comentar la pesadilla que estaban viviendo.

La pareja en cuestión se hizo cargo del hogar meses previos a la denuncia. La mujer reemplazó en la tarea a su madre, una señora ya mayor, y se instaló en el lugar con su familia.

“En febrero del 2011 salieron de vacaciones y ahí las nenas empezaron a contar el infierno que estaban viviendo. En ocasiones el hombre les ofrecía comida y las llevaba a la cocina, les daba una fruta y ahí las sometía. Las nenas también contaron que las llevaron a un camping en San Martín”, detallaron. Desde que se conoció la denuncia, el caso generó enorme conmoción porque el acusado aprovechó la situación de indefensión de criaturas que ya arrastraban un pasado de maltrato y abuso.

“El hombre sólo estuvo tres días detenido y después siguió con su vida normal. La mujer lo mismo; sólo que fue suspendida de la Municipalidad por unos días y después la reincorporaron a otro sector”, precisaron.

Hasta este hecho los encargados del hogar residían en el lugar, modalidad que luego se cambió por turnos de ocho horas rotativos.

Secuelas del horror
En junio del 2014, el Concejo Deliberante obereño redactó un pedido de informe al Ejecutivo municipal por los hechos registrados en el Hogar Mitaí, dependiente de la comuna. En su momento el caso generó innumerables suspicacias y se mantuvo mucho tiempo bajo estricta reserva, al punto que los concejales reclamaron información oficial. Tiempo después una de las víctimas intentó quitarse la vida, ante lo cual sus nuevos tutores le escribieron una carta al intendente de entonces, Ewaldo Rindfleisch, reclamando acciones concretas para esclarecer el caso y asistir a las criaturas afectadas. “A. fue maltratada primero por su madre, quien la maltrató física y mentalmente, luego por un depravado en el Hogar Mitaí donde ella residía, para estar a “salvo” de las torturas de su madre. Tanto A. como las otras niñas abusadas en ese hogar son víctimas por partida doble ya que se encontraban en ese Hogar por el abuso recibido en sus hogares de origen”, lamentaron. En el escrito citaron el intento de suicidio y subrayaron que “una nena de esa edad no podría inventar jamás con tanto detalle todo lo que ella contó sobre lo que este hombre presuntamente le hizo en el hogar. A. va a necesitar de una asistencia psicológica y psiquiátrica, quizás para el resto de su vida, la marca que le dejó el abuso y maltrato en ese hogar quedó impregnado en su alma”.

El Territorio.