Denuncia por amenazas en marco del robo de cocaína de depósito policial

Una denuncia por amenazas contra efectivos de la División Toxicomanía puso en evidencia los alcances y posibles implicancias del escándalo por el robo de un kilogramo de cocaína de máxima pureza que se hallaba en resguardo del depósito de decomisos de la Unidad Regional II de Oberá.

En tanto, si bien de manera preventiva la Jefatura de la Policía de Misiones ordenó el pase a disponibilidad de un subcomisario, un sargento y una cabo, para la Justicia Federal habría elementos para circunscribir la investigación penal a los seis efectivos masculinos que integran la División Toxicomanía, exceptuando a las dos mujeres.

Por ello, a pesar que los voceros judiciales son cautos y evitan brindar detalles que puedan llegar a interferir que la pesquisa, el dato sobre la presunta responsabilidad del personal masculino permite vislumbrar un avance en el expediente.

En tanto, según precisó una fuente judicial, a mediados de la última semana una persona que aportó datos sensibles para la investigación radicó una denuncia por amenazas contra efectivos de Toxicomanía, aunque hasta el momento no trascendió quién o quiénes serían los apuntados.

Sin dudas, se trata de una grave acusación que no hace más que sumar suspicacias y enfocar la lupa en aquellos que tenían la misión de custodiar la droga en resguardo del depósito ubicado en dependencias de la Seccional Tercera.

El testigo en cuestión habría aportado un dato concreto que permitiría relacionar a uno o más efectivos de Toxicomanía con una tercera persona ligada a la venta de estupefacientes, circunstancia que podría derivar en importantes acciones judiciales.

Seis en la mira
Por el momento, el Juzgado Federal citó y tomó declaración a dos efectivos de la División Toxicomanía, al tiempo que para el próximo miércoles fue citado el jefe, subcomisario Carlos Ariel L., actualmente en disponibilidad.

En igual situación administrativa se hallan el sargento Mauro Maximiliano M. y la cabo Ariatna Agustina A., los últimos que habrían accedido al depósito de secuestros de estupefacientes antes que se detecte el faltante.

Lo hicieron el 5 de agosto, cuando depositaron un decomiso mínimo. Según un vocero del caso, ese día los subalternos debían ser acompañados por un superior que a último momento tuvo que acudir a un operativo, se argumentó desde la UR II.

Pero más allá de la decisión institucional de separar a la cabo, por los indicios recolectados hasta el momento en el ámbito judicial estaría descartada cualquier tipo de responsabilidad de la misma en la desaparición de la droga.

Tampoco habría dudas sobre el accionar de otra policía que se desempeña como secretaria en Toxicomanía, por lo que las sospechas se centran los restantes seis funcionarios de la división.

Por ello, será importante lo que pueda aportar cada uno de ellos en sus respectivas declaraciones. Incluso, trascendió que uno podría acogerse a la figura de arrepentido.

“El hecho es gravísimo y si hasta el momento no hay detenidos es porque aún se están produciendo las pruebas. No es que la investigación vaya lenta, sino que se trata de avanzar sobre pistas firmes para arribar al fondo de la cuestión, caiga quien caiga”, remarcó una fuente confiable.

Entre otras cuestiones judicializadas, hasta el momento sólo un efectivo concretó el pedido de eximición de prisión, al tiempo que resta determinar el momento exacto y quién detectó el faltante de un kilo de cocaína.

Indicios
En tanto, en el marco de la pesquisa que realiza Asuntos Internos de la Jefatura de la Policía se determinó que en las horas previas a la constatación del faltante de droga, uno de los efectivos de Toxicomanía se hallaba cubriendo un servicio adicional y solicitó relevo porque se sentía mal.

Dicho pedido, según la investigación interna, se registró alrededor de las 3 del pasado 7 de agosto.

Al llegar al lugar donde se requirió su presencia, el encargado del relevo constató que ya no había nadie en el puesto, lo que constituye una irregularidad en sí misma.

Para los investigadores, lo que sucedió aquella madrugada no pasó desapercibido, puesto que el oficial que requirió el relevo tenía acceso al depósito de secuestro de drogas que se halla en dependencias de la Seccional Tercera.

Otro dato sugestivo, al menos para quienes están al frente de la pesquisa, es que a pesar de la supuesta indisposición que a las 3 lo llevó a abandonar el servicio adicional que cumplía en un conocido mayorista local, a las 8 el mismo oficial se hizo presente en la guardia de Toxicomanía e informó que deberían realizar un conteo de la droga en resguardo del depósito.

Por ello, para los investigadores es crucial determinar los movimientos del oficial en ese lapso de cinco horas entre que pidió el relevo y se presentó en la guardia.

Testigo clave
Por otra parte, según averiguó El Territorio, el testimonio de un hombre que fue detenido el pasado 6 de agosto permitiría corroborar que la droga desaparecida de la dependencia policial ya fue introducida al circuito comercial ilegal de la ciudad de Oberá.

Si bien la pesquisa ordenada por el juez Alejandro Gallandat Luzuriaga está a cargo de personal de Gendarmería Nacional Argentina (GNA), el indicio que derivó en los primeros allanamientos fue suministrado por personal policial, específicamente del Comando Radioeléctrico Centro, dependencia el día 6 acudió a un requerimiento por violencia doméstica.

En el lugar, el personal policial notó que el sujeto en cuestión se hallaba muy alterado, como afectado por el consumo de algún tipo de sustancia.

Incluso, sus propios familiares reconocieron que es adicto a las drogas, aunque mencionaron que al momento evidenciaba un comportamiento más violento de lo habitual, lo que relacionaron con la posibilidad de alguna mezcla de sustancias.

En consecuencia fue detenido y trasladado a una dependencia policial, donde más tarde y ya calmado, precisó que habría consumido un dosis de cocaína de máxima pureza, nada comparado con lo que adquiría habitualmente.

“Era pura pura, parece que no estaba cortada. Nunca tomé algo tan fuerte”, habría asegurado ante los uniformados.

En pesquisas posteriores surgió el nombre del presunto vendedor de la droga, quien es familiar directo de un integrante de la División Toxicomanía de Oberá.

A partir de ese testimonio, la semana pasada se ordenó el allanamiento de una vivienda donde personal de GNA encontró 60 gramos de marihuana y una dosis de cocaína.

El acceso al depósito no estaba forzado
Según el sumario interno, el faltante de un kilo de cocaína fue alertado el pasado 7 de agosto por el propio personal de la División Toxicomanía, ante lo cual se dio parte a la Jefatura y se activó la investigación interna. En tanto, la causa penal está a cargo del Juez Federal Oberá, Alejandro Gallandat Luzuriaga. Si bien la droga que desapareció se hallaba en resguardo dentro del edilicio de la Seccional Tercera, el control de la misma era exclusiva responsabilidad del jefe y segundo a cargo de Toxicomanía y sólo ellos disponían de las llaves del lugar. Un dato clave indica que la puerta de acceso al depósito no fue forzada, por lo que quien o quienes tomaron la cocaína contaban con llaves, lo que no hace más que complicar la situación del personal.

El Territorio.