El encargado de la cocina del Samic de Oberá fue denunciado por acoso sexual

“Aguanté casi dos años y medio porque necesitaba el trabajo, pero llegó un momento en que tuve miedo porque era cada vez más desubicado. Por eso decidí denunciarlo. Conozco por lo menos 15 chicas que renunciaron por el mismo motivo, pero fuimos cuatro las que nos animamos a denunciar. Para colmo, la mujer trabaja en el mismo sector y lo apoya”, aseguró una de las mujeres que denunció por acoso sexual al encargado de la cocina del Hospital Samic de Oberá.

Las cuatro denuncias individuales fueron radicadas el pasado 5 de febrero ante la Comisaría de la Mujer de Oberá. El sospechoso, identificado como Héctor P. (50), fue notificado de la causa que se tramita ante el Juzgado de Instrucción Dos.

En tanto, desde el centro de salud precisaron que “el servicio de cocina está concesionado por una empresa privada, por lo que el implicado no es personal de Salud Pública. De todas formas, si bien no puede afrontar un sumario administrativo, ante la gravedad del caso la propia empresa decidió suspenderlo de sus funciones y no está trabajando”.

Además de constantes insinuaciones y presiones por favores sexuales, el sujeto fue acusado de manoseos, lo que podría agravar la carátula inicial.
En su denuncia, una las ex empleadas del sector cocina declaró que “Héctor P. siempre se mostró como una persona degenerada y mal hablada, quien siempre decía que quería trabajar con chicas solteras y sin novio”.

Precisamente, entre las tareas del ex encargado se hallaba la selección de personal, por lo que él mismo tomaba las entrevistas de trabajo, coincidieron las denunciantes.
En las sucesivas denuncias también se dejó constancia de que el acusado consumía alcohol en el horario de trabajo.

Jóvenes y solteras

Entre las conductas inapropiadas que el sujeto habría exhibido se citan comentarios fuera de lugar sobre su vida sexual con su esposa, quien trabaja en el mismo sector de cocina.

“Más de una vez me llamó a su oficina, supuestamente por cuestiones laborales, pero después empezaba a hablar de cosas íntimas. Una vez, por ejemplo, me dijo: ‘Hoy no cogimos con M., ella ya hace rato que no hace nada (textual en la denuncia)’. Y en más de una oportunidad llegó al punto de acercarse a mi persona, tomarme de la mano y decirme: ‘Que linda que sos’, siempre invitándome a tomar algo, lo cual jamás acepté, pero él nunca dejó de insistir. Por ese motivo me vi obligada a renunciar”, precisó una de las jóvenes que recurrió a la Justicia.

En la misma denuncia, aseguró que conoce a “once chicas más que renunciaron por el mismo motivo, ya que el encargado siempre se mostró desubicado. Si no hacíamos lo que él quería, nos destrataba. No quiero que otras chicas vuelvan a pasar lo mismo que pasé yo, por eso decidí denunciar a este degenerado”.
Asimismo, mencionó que en más de una oportunidad las empleadas del sector trataron de hablar con la esposa del acusado, aunque ésta habría subestimados las acusaciones.

“Incluso a mí me dijo que denuncie nomás, que total nadie me iba a creer”, al tiempo que subrayó: “Juegan con la necesidad de las personas, pero nos cansamos y nos animamos a denunciar”.

Según coincidieron las denunciantes, para trabajar en la cocina del Samic el encargado priorizaba a las mujeres de entre 20 y 30 años, solteras y sin hijos.
En tal sentido, otra de las presuntas víctimas mencionó que “mandaba mensajes a la madrugada y se ofendía si uno no respondía. ‘Por qué no contestás, si total no tenés novio’, decía. Y si una no entraba en su juego te perseguía y maltrataba”.

Acoso y explotación
Los relatos coinciden en la metodología de acoso, como también en las presiones y malas condiciones de trabajo. “Nos acosaba todo el tiempo. Tengo amigas a las que escuchaba llorar porque ese hombre les mandaba mensajes asquerosos, como por ejemplo: ‘Acordate que gracias a mí estás trabajando. ¿Cuándo nos juntamos a festejar?’, y muchas cosas más asquerosas. Para colmo, pagaban fuera de término y si preguntabas cuándo iban a pagar, se enojaban y te hacían la vida imposible”, comentó otra de las denunciantes. Más allá del acoso y manoseo, también alertaron sobre las condiciones laborales del sector de cocina del Samic. “Nos pagaban 13.800 pesos en negro y trabajábamos ocho horas por día. Nos daban un franco por semana, no hay feriado ni domingo, salvo que tengas tu franco. Eso no es todo, porque cobrás después de casi dos meses y casi nadie aguanta, salvo que tenga otra entrada en la casa. Te da mucha impotencia porque uno necesita trabajar, pero no en esas condiciones. Es indignante”.

El Territorio.