“Le llamó al marido y dijo: ‘La guaina murió y vos sabés de qué’”

Nació prematura el 24 de diciembre del año pasado, con apenas cinco meses de gestación y un peso de 850 gramos. Por su delicado estado de salud permaneció en el sector de neonatología del hospital de Samic de Oberá hasta el 22 de junio, cuando regresó a su casa, ya que le demandó seis meses alcanzar el peso adecuado para recibir el alta.

Ayer la sepultaron en el cementerio de Campo Grande, tras dos meses y medio de la terrible agonía que padeció a manos de sus propios padres, según los indicios y testimonios que ya recepcionó la Justicia y derivó en la detención de Lidia Ester S. (20) y Rubén Rolando M. (39).

Milagros Soledad Suárez vivió poco más de ocho meses, seis de los cuales permaneció alejada de sus progenitores. Ahora, ante la brutalidad de la evidencia científica, se sabe que la incubadora fue lo más parecido a un hogar que tuvo. O al menos fue el lugar más seguro.

En la casa de sus padres, en el humilde barrio Ex Ruta 14 de Campo Grande, todo fue maltrato, golpes y abuso sexual, tal como diagnosticaron los médicos que la revisaron en primera instancia.

En tanto, según averiguó El Territorio con fuentes del caso, la autopsia que se realizó ayer en la morgue judicial de Posadas corroboró el horror, aunque por el momento la causa de muerte es “indeterminada”, tal como quedó plasmado en el informe preliminar.

Para el dictamen final, el equipo forense aguardará los informes requeridos de genética y bioquímica.

Según el testimonio de familiares y vecinos, la criatura no habría pesado más de 4 kilogramos, se hallaba en evidente bajo peso y comentaron que desde hacía varias semanas ni siquiera la escuchaban llorar.

Para ensombrecer aún más el panorama, no se descarta que los tres hermanitos de la víctima hayan padecido abusos, por lo que oportunamente serán evaluados en Cámara Gesell.

Prematura por una paliza
Ayer por la mañana, personal del diario El Territorio recorrió el barrio Ex Ruta 14, donde desde el viernes la tragedia de Milagros acapara la conversación de los vecinos que no salen de su asombro ante los detalles de un caso espeluznante.

Yésica Fleitas (25) es empleada municipal y comentó que la familia de la víctima llegó al barrio a principios de diciembre del año pasado y nunca interactuaron con los vecinos.

“La criatura nació prematura porque el 24 de diciembre el hombre le dio una paliza a la mujer. Puso música fuerte y le pegaba, por eso ella tuvo la beba en la propia casa. Le quisimos ayudar pero él nos corrió con machete”, aseguró.

Sus palabras no hicieron más que describir el clima de violencia que existía en el lugar.

En tanto, mencionó que la beba permaneció seis meses internada, lapso en el que sus padres casi ni la visitaron.

“Cuando la nenita llegó al peso le trajeron a la casa, pero nunca más le sacaron ni le llevaron a control. Salía la pareja y dejaban a la nenita con los hermanitos”, agregó.

Incluso, comentó que varias veces los varones deambulaban por la calle con marcas de golpes, pero “cuando les preguntaban pedían por favor que no digamos nada porque estaban amenazados”.

Sobre el día del fatal desenlace, precisó que el viernes al mediodía -alrededor de las 13.30- observó que el padre de la víctima salió en moto con uno de sus hijos más grandes. Minutos más tarde la mujer se acercó a la casa de una vecina y le pidió un teléfono para llamar a su pareja.

“Noté que estaba pasando algo raro, me acerqué y vi que estaba muy nerviosa. Le llamó al marido y dijo: ‘Tu mujer te habla, la guaina murió hijo de una gran puta y vos sabés de qué’. Ahí le pregunté qué pasó y me contestó que la beba murió y no se podía hacer nada. Me pareció muy fría la respuesta”, recordó.

“No llamen a la Policía”
Al igual que otros testigos de la escena, Fleitas subrayó que la madre de la pequeña se mostró fría y hasta amenazante hacia quienes trataron de socorrer a la víctima o dar aviso a la Policía.

“Cuando dijo que la nenita murió me desesperé y le pedí para verla, porque por ahí se había ahogado y yo sé tratar con las criaturas. Me ofrecí para eso y me contestó mal. Dijo: ‘Nadie entra a mi casa hasta que venga mi marido, y no llamen a la Policía porque no es problema de ustedes. Se van a meter en problemas’. Ahí me di cuenta de que algo estaba mal. Varias veces le pedimos para entrar a la casa para tratar de ayudar a la criatura, pero se negaba. Entonces una vecina llamó a la Policía”, detalló.

Contó que la comisión policial llegó pronto y acompañó a los uniformados al interior de la casa: “La beba estaba acostada en la cunita, con los ojitos entreabiertos, estaba tibia y tenía como sangre seca en los labios y en la nariz. Parecía que estaba inconsciente, entonces la jefa de la comisaría le alzó y salieron rápido para el hospital”.

A todo eso, Fleitas señaló que la progenitora “estaba muy tranquila y se quedó en la casa. Después la buscaron”, al tiempo que indicó: “Ninguno de los dos trabajaba. Vivían del salario de los chicos”.

Victoria Bernal, la vecina a quien Lidia Ester S. le pidió el teléfono para llamar a su concubino, corroboró que al informarle de lo sucedido la mujer le dijo: “Hijo de la gran puta, vos sabés bien lo que pasó”.

“Le ofrecimos ayuda, pero no quiso. Dijo que no entremos ni llamemos a la Policía porque íbamos a tener problemas”, indicó.

Además, contó que “los vecinos comentan que el hombre le pegaba a la mujer y le tapaba la boca para que no grite”.

Negaba a su hija
Por el momento, los tres hermanitos de la víctima permanecen en la casa del barrio Ex Ruta 14 y están al cuidado de la abuela paterna, Rafaela Palacios (76), quien reside en Ruta 8.

“Yo no sé lo que pasó. Lo único que quiero es que mis nietos no se desparramen por ahí. Los quiero cuidar mientras pueda”, dijo quebrada por el llanto.

En ese sentido, mencionó que “ni siquiera puedo imaginar que mi hijo haga algo así como le acusan, pero a veces el diablo mete la cola. O por ahí ella le hizo algo a la nena, porque no le quería. Ella quería dar esa nena, decía”.

Incluso, comentó que semanas atrás llegó a Campo Grande para cobrar y visitó la casa de su hijo, circunstancia en que su nuera le preguntó: “Qué dice usted suegra, será que está guainita va a vivir”, una presagio macabro ante el hecho consumado.

En tanto, en el marco de atenuar la presunta responsabilidad de su hijo, comentó que desde que llegó el viernes no paró de limpiar la casa porque “todo es una mugre. A esa mujer no le interesan los hijos”.

En tal sentido, ayer los pequeños estaban descalzos y a simple vista se notaban las secuelas del abandono, con heridas en varias partes del cuerpo.

A la charla se acopló una menor de 13 años, prima de Milagros, quien aseguró que nunca vio que la madre maltrate a los varones, pero sí le gritaba y agredía a la beba.

“Cuando venía a la casa de ella me decía que la beba no era suya, porque cuando nació le cambiaron de criatura en el hospital. Cuando tenía hambre le tiraba la mamadera y le hacía tomar solita, pero cualquiera sabe que siendo tan chiquita no podía comer sola”, lamentó.

Afirmó que la acusada evitaba las visitas y vivía encerrada. “No le gustaba que le alce ni le mime a la beba, se ponía muy nerviosa. Por lo que veía no le quería ni le cuidaba a la hija”, remarcó.

Causa y detalles aberrantes
Preventivamente, la causa fue caratulada como “infanticidio agravado por el vínculo y la convivencia preexistente con presunción de paternidad, encubrimiento, abuso sexual, con acceso carnal”. Interviene el Juzgado de Instrucción Uno de Oberá, a cargo por subrogación del juez de Instrucción Dos, Horacio Alarcón. En primera instancia el cadáver fue examinado por el médico policial Tomás Guiso, cuyo diagnóstico fue más exhaustivo y dio cuenta de innumerables lesiones, como ser “hematoma frontal derecho, hematoma cornea ojo derecho, dos escoriaciones en región occipital, contusión en región occipital, lesión vaginal y anal, eritema en labios superiores e inferiores, hematomas en glúteos, hematoma en hombro derecho”. Ante la gravedad de los primeros informes médicos, el magistrado interviniente ordenó la detención de los padres de la beba. El sujeto fue alojado en la Comisaría de Aristóbulo del Valle y la mujer en la Comisaría de Campo Grande. Con relación a las responsabilidades, si bien las sospechas de abuso sexual apuntarían al progenitor, tampoco se puede descartar algún grado de participación de la madre, al menos como encubridora. El cadáver de la pequeña fue entregado a los familiares a última hora de la tarde de ayer, tras lo cual fue velada por un lapso de dos horas y luego fue sepultada, tal como estipula el protocolo vigente en el marco de la pandemia de Covid-19. Asistieron sólo familiares paternos, ya que desde hace años la madre de la víctima cortó relación con su familia.