Denunciaron y despidieron a dos cajeros de la Celo por presunta estafa

n día sobraron 7.000 pesos en una de las cajas. Otra vez un socio, no vidente, se quejó porque le dieron mal el cambio; luego se hizo un arqueo y se comprobó que tenía razón. Por su parte, una socia notó que le debitaron más dinero del monto que figuraba en la boleta que abonó en sede central de la institución.

Ante estas y otras situaciones irregulares, las autoridades de la Cooperativa Eléctrica Limitada de Oberá (Celo) iniciaron un sumario administrativo que derivó en el despido de dos cajeros.

Posteriormente, ante la gravedad de las conductas desplegadas por algunos empleados, el Concejo de Administración radicó una denuncia penal ante la Fiscalía de Instrucción Uno de Oberá, a cargo de Elías Bys, para que se investigue la presunta comisión del delito de estafa.

Alfredo Fernández, asesor legal de la cooperativa, subrayó que “en principio la denuncia alcanza a dos cajeros. Después el juzgado, a través del fiscal, verá si existen otros involucrados”.

En diálogo con El Territorio, el letrado precisó que el sumario interno fue agregado a la denuncia penal, al tiempo que reconoció que “todavía no se estableció el monto del daño porque siguen apareciendo damnificados”.

Además, comentó que el acto delictivo estaría corroborado por el aporte de uno de los cajeros despedidos, K. K., quien reconoció por escrito su responsabilidad en los hechos y aportó nombres de sus presuntos cómplices.

Pedro Andersson, presidente del Consejo de Administración de la Celo, opinó que “con el correr de la investigación se podrá determinar el monto de la estafa, que no fue sólo a la cooperativa, sino que además estafaban a socios de varias formas”.

Sistema vulnerado
Los cajeros implicados, K. K. y S. V., fueron despedidos el 27 de noviembre del año pasado. Si bien en un primer momento el mismo presidente de la entidad estimó el daño en alrededor de 300.000 pesos, hasta el momento la cifra final es una incógnita porque podrían aparecer más damnificados.

Ocurre que la metodología de la estafa, según reconoció uno de los involucrados, incluía la manipulación del sistema informático y otras prácticas desleales que podría tardar varios meses en ser detectadas, como el reclamo de una boleta que para el socio está paga, pero que en el sistema aparece impaga.

Sobre la operatoria delictiva, Fernández mencionó que “el socio pagaba una boleta con tarjeta de débito; le sellaban la boleta, pero al mismo tiempo en la tarjeta de debido cargaban alguna otra boleta de la propia cajera”.

“Después, al ver el comprobante del pago, el socio notaba que el monto de la boleta no coincidía con lo que le cobraron por su boleta, que le cobraron más. Así engañaban al socio”, detalló el letrado.

Según la denuncia, en un caso detectado, una cajera le cobró más a una socia y destinó el excedente para cargar el cash power (energía prepaga) de su propio domicilio.

Otra modalidad de estafa mediante la manipulación del sistema se daba cuando trasladaban el crédito de la cuenta de un socio a la cuenta propia del cajero.

“Algunos socios traen valores, por ejemplo un cheque de 10.000 pesos, para pagar servicios por 5.000, entonces le queda 5.000 de crédito. En este caso lo que hacían era trasladar ese crédito a sus propias cuentas”, precisó Fernández.

Caso testigo
El asesor letrado de la entidad aseguró que los cajeros implicados apuntaban a personas vulnerables, como jubilados o discapacitados, tal el caso de un no vidente que se quejó porque le dieron mal el cambio.

“Por ahí venía gente muy mayor a pagar su factura y le daban mal el cambio, y era algo permanente, entonces siempre había sobrante en la caja. Una vez vino un señor no vidente, pagó y la cajera le dio su cambio. El señor contó y se dio cuenta de que faltaba plata. Pidió para hablar con el gerente y le dijo: “si ustedes quieren plata para hacer una fiesta, pídanme, yo les voy a dar lo que pueda, pero no me pueden hacer esto”. Luego se hizo un arqueo de caja y sobraron 100 pesos, que era lo que reclamaba el señor”, detalló Fernández.

Por su parte, Andersson aseguró que en el marco del sumario interno la citada cajera habría declarado que “esas cosas eran uso y costumbre, que todos hacen lo mismo”, lo que no hizo más que complicar la situación de la empleada, quien a su vez interpuso una demanda en el Juzgado Laboral. En tanto, el cajero despedido reconoció los cargos mediante una nota elevada al propio presidente del Consejo de Administración.

Uno confesó
Además del reconocimiento del ilícito cometido, K. K. también solicitó la reconsideración del despido con causa y solicitó la posibilidad de resarcir el daño, siempre según sus posibilidades. De todas formas, nada de ello prosperó.

El ex cajero de la Celo trató de justificar sus actos debido “a la inmadurez e inexperiencia propia de una persona de mi edad”, al tiempo que pidió reparar el daño “conforme a la persona de bien que soy y dada la educación que me dieron mis padres”.

“La sola circunstancia de haber cometido un error, aunque grave e imprudente, no significa que no tenga la intención de reparar el daño cometido, para así enmendar dicho traspié. Soy una persona que reconozco mis errores, y todos en alguna oportunidad hemos cometido errores, la diferencia está en reconocer los mismos y asumir las consecuencias. Me ofrezco a resarcir dicho daño, en las medidas de mis posibilidades económicas y de acuerdo a la predisposición de la entidad para acordar una financiación acorde”, cita en la nota elevada al presiente de la mencionada entidad.

Además de reconocer su accionar ilícito, el ex trabajador implicó a otras dos personas.

“Cometí un error producto de la inexperiencia y por malas influencias de terceras personas, también empleados de esta cooperativa que me instruyeron e iniciaron en la manipulación del sistema a fin de lograr beneficios económicos, como el caso de la señora S. V., con la operación de las tarjetas de débito en la que entraba como anticipo de la cuenta de un socio cualquiera, agregaba un monto por ejemplo de 1000 pesos y procesaba como anticipo, cerraba la operación y luego volvía a entrar a la misma cuenta del socio y ahí ya estaba el menos 1000 que retiraba de la caja”, detalló sorprendentemente.

Operatoria delictiva
En el mismo escrito, el cajero despedido avanzó en otro tipo de operatorias destinadas a estafar a la entidad y a los socios.

En tal sentido, precisó que retiraba los saldos a favor en las cuentas de los socios en complicidad de “personas de gestión y cobranzas, más precisamente G. B., puesto que de otra manera era imposible que yo cuente con tal información”.

Argumentó que la citada “me informaba sobre el saldo a favor que poseían algunos socios en particular y que hacía mucho tiempo no los reclamaba o incluso estaban en situación de corte, por lo que entraba en la cuenta del socio y tomaba ese saldo a favor y procesaba como sobrante de caja y luego retiraba el efectivo”.

Incluso, según expresó en su nota de descargo, K. K. afirmó que “dentro de la estructura de la entidad cooperativa existen muchas maniobras en los diferentes sectores que particularmente desconozco la operatoria, pero que también perjudican a la entidad en beneficio propio de empleados”. En el escrito, claramente direccionado por un profesional del derecho, el ex empleado insistió en reconocer que cometió un “error”, subrayó que su familia le brindó buena educación y hasta pidió ser reincorporado.

“Solicito se me otorgue la posibilidad de reparar el daño económico que pueda haber causado, acorde a mis posibilidades económicas, e incluso se me reincorpore laboralmente a la entidad a fin de demostrar lo verdaderamente arrepentido que me encuentro y con las ansias de poder demostrar no sólo la capacidad laboral que poseo, sino también la posibilidad de corregir mi conducta y hacer honor a las personas que me aprecian, especialmente a mi familia”, concluyó.

El Territorio.