El clan Candia sumó su segunda condena por vender cocaína frente a un club deportivo de Oberá

Tres integrantes del conocido clan Candia del barrio Cien Hectáreas de Oberá fueron condenados a cuatro años de prisión por el delito de tenencia de estupefacientes con fines de comercialización tras haber admitido -en un juicio abreviado- que en las propiedades donde vivían comercializaban cocaína.

Se trata de Norma Alicia Silva, pensionada de 58 años y su hijo, Enzo Candia, albañil de 22, además de Yesica Noelia Rocha (24), conocida en el ambiente del narcomenudeo como Polaca y quien a su vez es concuñada de Silva y tía de Candia, siendo actual pareja de un presunto cuarto implicado que fue detenido luego de permanecer prófugo durante un tiempo.

Más allá de la pena impuesta por el Tribunal Federal de Posadas, cada uno de los tres deberá hacer frente a una multa de $162.000, aunque solamente Candia y Rocha continuarán privados de la libertad en una institución carcelaria, puesto que a Silva los jueces decidieron mantener el beneficio de la prisión domiciliaria que ostenta desde hace más de un año.

En la misma causa otra hija de Silva, Marianela Candia, detenida a la par del resto, no aceptó admitir algún tipo de responsabilidad en el delito y por ende tampoco el acuerdo de pena por lo que prefirió enfrentar un debate oral y público que se hará más adelante.

Una denuncia anónima disparó la investigación

El expediente de la causa da cuenta que Silva, los dos Candia y Rocha fueron detenidos en la noche del 20 de septiembre de 2019 en el marco de los allanamientos ordenados después una investigación de aproximadamente dos meses que estuvo a cargo de la Policía de Misiones, por medio de seguimientos y vigilancia en los domicilios de los involucrados.

La pesquisa inició con una denuncia anónima de vecinos que marcaron un domicilio situado sobre la avenida Yerbal Viejo del barrio Cien Hectáreas -frente al predio deportivo del club Ex Alumnos 185 y en cercanías de una escuela primaria y un colegio secundario- como punto de venta de estupefacientes a gran escala y en ese contexto aportaron una serie de datos relacionados a varias construcciones realizadas en las afueras de la ciudad, aparentemente, con las ganancias generadas con dicho ilícito.

Los uniformados constataron que en ese lugar vivía Silva junto a su hijo Enzo y dos menores de edad, en tanto que Marianela habitaba otra construcción situada en el mismo terreno pero conectada por un pasillo interno. En el foco policial también estaban otras dos viviendas, una de ellas en la que vivía Rocha, sobre la avenida Picada Argentina y cerca de las dos instituciones educativas.

Pocas horas antes de los operativos definitivos fue interceptado en las proximidades un joven que había salido de la propiedad de Silva y entre sus pertenencias hallaron un pequeño envoltorio con un gramo de cocaína, admitiendo éste haberlo adquirido “en el kiosco de los Candia” por un valor de $1000. Eso llevó a solicitar los allanamientos que fueron ordenados por el Juez Federal de Oberá, Alejandro Gallandat Luzuriaga.

Irrupción policial en tres domicilios

Cuando los uniformados irrumpieron en la casa de Silva, estaba junto a sus hijos Marianela y Enzo. Surge del expediente que a todos les secuestró dinero en efectivo, sumando en total más de $100 mil.

“Durante la ejecución de la medida la hija intentó esconder un estuche de color negro dentro de sus prendas de vestir, lo que fue advertido por los testigos”, menciona el informe, detallando en ese punto que del paquete extrajeron 54 envoltorios con cocaína por un total de 76 gramos, y la misma sustancia fue hallada oculta en un abrigo del cual sacaron otros 6 paquetes conteniendo 12 gramos “refiriendo a viva voz en ese momento, la madre, que era de su propiedad”.

En cuanto a Enzo, estaba en otro sector de la casa y al ver a los efectivos trató de escapar pero en la fuga lanzó una mochila en la que encontraron otro estuche con 26 gramos de cocaína en 41 envoltorios. Madre e hijos terminaron detenidos.

En la casa de Rocha, surge del expediente que ella misma “manifestó poseer sustancias entre sus prendas íntimas, ante ello el personal policial femenino junto a una testigo procedieron a la requisa extrayendo de entre sus pechos 18 envoltorios y otra cantidad parecida en el interior de una bota, completando 76 gramos de la sustancia”.

También había dinero en efectivo y en consecuencia la sospechosa fue detenida al igual que sus cómplices, de quienes se calculó -en base a movimientos- que levantaban diariamente entre 80 y 100 mil pesos siendo parte clave de una aceitada estructura criminal conocida como clan Candia, acusada de manejar gran parte de la venta de drogas en los barrios Cien Hectáreas, Villa Stemberg, 180 Viviendas y San Miguel.

Confesión y condena

En octubre del año pasado la causa por tenencia de estupefacientes con fines de comercialización fue elevada a la instancia de debate por lo que la fiscal Vivian Barbosa junto a tres de los cuatro imputados y la defensora oficial, Susana Beatriz Criado Ayán, acordaron un monto de pena posterior a la confesión de los acusados. Marianela Candia se negó.

Es así que el último miércoles fue homologado el acuerdo por los jueces federales Manuel Alberto Jesús Moreira, Fermín Amado Ceroleni y Víctor Alonso González, condenado a Silva, Candia y Rocha a cuatro años de prisión. Los magistrados ordenaron además la continuidad del expediente que tiene como imputada a Marianela Candia para que en lo inmediato sea juzgada en un debate oral.

Segunda condena para los Candia

Esta es la segunda condena impuesta a integrantes del clan Candia en poco más de 4 años, por vender cocaína y marihuana.

En junio de 2015 habían sido detenidos Aldo Gustavo Candia (Gordo), Ricardo Daniel Dos Santos (Chino) y Alberto Alex Antúnez, con casi tres kilos de “cannabis sativa” divididos en paquetes de 5 y 15 gramos, además de 11 tizas de xilocaína que es un anestésico usado frecuentemente para estirar la cocaína.

Dos años después (2017) fueron condenados en un juicio abreviado a cuatro años de prisión en una cárcel federal, puesto que se declararon culpables del delito de tenencia de estupefacientes con fines de comercialización y con ello admitieron ser parte de una misma estructura que vendía estupefacientes principalmente en Cien Hectáreas, aunque también en Villa Stemberg, 180 Viviendas y San Miguel.

En aquel entonces una ermita del Gaucho Gil que Gordo construyó en la vereda de su casa y al poco tiempo estuvo cubierta de banderas y velas rojas, fue clave.

No tenia nada que ver con la fe sino con una modalidad de aviso a los distribuidores y compradores. Los detectives descifraron que cuando la luz roja en el interior del santuario estaba encendida, había marihuana y cocaína, pero cuando estaba apagada algo no estaba bien y el negocio se suspendía algunos días.

Poco después de haber recibido la condena fueron beneficiados con la libertad condicional, en razón del tiempo en que ya habían estado privados de la libertad.

En ese contexto, tres meses más tarde Daniel “Chino” Dos Santos, sindicado como uno de los cabecillas, volvió a ser detenido por balear a un hombre estando en libertad condicional. Ese ataque encendió la alarma puesto que fue relacionado a una presunta disputa territorial

En la actualidad la propiedad sobre la avenida Yerbal Viejo de la Capital del Monte, dos veces allanada, exhibe ruinas de lo que alguna vez fueron las construcciones además de un enorme cartel de venta.

El Territorio.