Empleado municipal fue asesinado cuando caminaba rumbo a su trabajo

“Excelente padre”. “Muy trabajador”. “Buen compañero”. Definiciones que encuadran el concepto que tenían familiares, amigos y vecinos de Juan Ángel Chemes (73), empleado de la Municipalidad de Oberá que ayer fue asesinado cuando se dirigía a su trabajo.

El hecho se registró alrededor de las 5.15 en el barrio Londín, sobre el camino terrado que conecta con el barrio Copisa, circunstancia en que la víctima fue abordada por al menos dos personas, de acuerdo con las primeras pesquisas realizadas por la Policía.

Si bien la investigación aún se halla en curso, al cierre de esta edición los principales sospechosos del crimen eran Julio Alberto de Jesús C. (32) -uno de los hijos de Chemes- y Alejandro Mariano S. (17), cuñado del primero con domicilio en Pilar, Buenos Aires.

Fueron los propios hermanos quienes apuntaron la investigación hacia el hijo de la víctima, en función de serios antecedentes de violencia y fuertes amenazas de muerte.

“Te voy a mandar a matar”, habría amenazado el detenido a su padre el pasado 2 de diciembre, según un sumario policial que dio intervención al Juzgado de Familia de Oberá.

Los deudos también cuestionaron la figura de una mujer, apodada Porteña, concubina y hermana, respectivamente, de los sospechosos. Durante años la mujer habría atizado la mala relación entre su pareja y el padre, aunque nadie imaginó tan horrendo desenlace.

Chemes fue abordado por el camino y literalmente lo degollaron con dos cortes.

La médica policial en turno, Rosa del Valle, diagnosticó “lesiones fatales en cuello de abajo hacia arriba en región infrahioidea, uno de 10 por 5 centímetros y el mayor de 10 por 10 centímetros, aproximadamente”.

Una gran mancha de sangre sobre la tierra avaló la hipótesis de que el septuagenario fue emboscado y asesinado en el camino.

Luego de ello, lo arrastraron unos 50 metros hasta una zona de malezas donde ayer al mediodía fue hallado.

Fue emboscado

El homicidio de Chemes generó gran conmoción en el barrio, donde vivió toda su vida, como también en compañeros de trabajo y allegados en general, que lo recordaron como una persona muy vital, a pesar de que tenía 73 años, edad en la que muchas personas gozan de su jubilación.

Contaron que todos los días caminaba dos kilómetros para tomar el colectivo de las 6 que lo llevaba hasta su trabajo, en el Jardín de los Pájaros, sobre avenida Italia, donde antes de las 7 ya comenzaba a barrer la vereda.

Por la tarde, en tanto, descansaba un rato y salía a podar pasto por barrio Londín y Villa Lindstrom.

“Hace poco se hizo estudios médicos y estaba muy bien. Era un hombre sano y no quedaba quieto. A las 4.30 ya se levantaba para dar de comer a sus animalitos, después se iba a trabajar. Es tan injusto lo que le hicieron”, lamentó su yerno David Pettersson.

Julio Chemes, hermano de la víctima, insistió en que “sin dudas tuvieron que ser por lo menos tres los atacantes, si no, no hubieran podido. Aparte no sólo lo emboscaron y mataron, sino que lo arrastraron para esconder el cuerpo y se tomaron el trabajo de tapar con tierra la sangre que quedó desparramada por todos lados”.

Visiblemente consternado, comentó que estaba al tanto de las amenazas previas de uno de sus hijos y pidió que la Justicia actúe con todo el rigor del caso.

“No puedo entender tanta saña, tanta locura contra un hombre que toda la vida trabajó y crió a sus hijos con mucho esfuerzo. Ahora lo único que pedimos es que los culpables paguen”, subrayó.

Ante la declaración de los propios familiares, los sospechosos fueron detenidos y alojados en diferentes dependencias de la Unidad Regional II. En tanto, tras las pericias de rigor en el lugar del hecho, el cadáver de Chemes fue remitido a la morgue judicial de Posadas para la autopsia de rigor.

“Le tenían bronca”

Antonio Chemes, hijo del fallecido, echó luz sobre el conflicto previo que podría haber desatado el baño de sangre. Contó que durante años su padre trató de corregir el rumbo adverso que guiaba la vida de su hijo Julio Alberto y su concubina, sobre todo por la preocupación que le generaba la crianza de sus nietos.

Ocurre que residían en el mismo terreno y veía que los padres no les prestaban adecuada atención a los chicos. Una historia cruzada por el consumo de alcohol y otras sustancias, combo fatal que hace estragos en el tejido social.

“Papá siempre se opuso a la forma de vida que tenían y los malos tratos de ellos con sus hijos. Les marcaba que estaba mal lo que hacían y eso fue llevando a una relación muy conflictiva”, indicó Antonio, desconsolado por lo irremediable del hecho.

Aseguró que su hermano y la concubina “le tenían bronca por eso, porque papá no podía ver a sus nietos en esa vida que llevaban como consecuencia de lo que hacían los padres. Les corregía y trataba de que tengan algo mejor, pero en vez de entender, reaccionaban y lo atacaban, y eso llevó a que cometieran semejante ataque, planificado y en el que seguramente intervinieron más personas”, opinó abatido.

Por cuestiones de seguridad, ya que salía de madrugada de su casa, Juan Ángel Chemes solía llevar cuchillos, precisaron sus allegados. En el lugar del hecho se encontraron un cuchillo tipo puñal y un cuchillo tipo carnicero sin marcas de haber sido utilizados en el hecho, por lo que se presume que eran de la víctima.

Entrada la tarde estaba previsto el allanamiento del domicilio de Luis Alberto de Jesús C., donde también residía su cuñado de 17 años, aunque no se informó sobre su resultado ni si lograron dar con el presunto arma homicida.

La causa por homicidio calificado se tramita ante el Juzgado de Instrucción Uno de Oberá, a cargo del subrogante Pedro Piriz. 

El Territorio.