La venta que complicó a un imputado por el homicidio de Gladis Gómez

El pasado 2 de marzo, la catequista y comerciante Gladis Beatriz Gómez (39) fue asaltada por dos motochorros que irrumpieron en su local, uno de los cuales le disparó en la cabeza.

A pesar de la gravedad de la lesión, antes de perder la conciencia la propia víctima contó detalles del caso a los primeros vecinos que acudieron tras escuchar el estruendo del disparo.

El deceso de Gómez se produjo el 13 de marzo, luego de once días de agonía en el Hospital Samic de Oberá.

Días antes la Policía detuvo a dos sospechosos. Se trata de Mario Antonio A. (28) y Santiago Miguel S. (27), alias Chueco, ambos domiciliados en el barrio Caballeriza, de Oberá.

La semana pasada el juez de Instrucción de San Ignacio, Pedro Piriz, subrogante del Juzgado de Instrucción Uno de Oberá, dictó el procesamiento con prisión preventiva de ambos imputados como coautores del delito de robo calificado por el uso de arma de fuego en grado de tentativa dando como resultado homicidio.

Por el momento ambos continúan alojados en dependencias de la Unidad Regional II de Policía.

Si bien al ser citados a indagatoria ambos se desligaron del hecho y plantearon sus respectivas coartadas, un vocero del caso precisó que existen elementos de peso para implicarlos.

En el caso del Chueco, lo complica que un par de días después del asalto en perjuicio de Gómez vendió su moto por un valor inferior al de mercado, indicio que no pasó desapercibido para el magistrado.

En tanto, en el domicilio de su presunto cómplice procedieron al secuestro de un proyectil calibre 32, presumiblemente similar al utilizado para agredir a la víctima.

Un solo disparo

A pesar del hallazgo del citado proyectil, Mario Antonio A. argumentó que el 2 de marzo se hallaba en la casa de su madre de crianza, en la localidad de Leandro N. Alem, de donde regresó cuatro días más tarde.

En su indagatoria ante Piriz, aseguró que el 27 de febrero viajó a la vecina localidad y regresó el 6 de marzo. Varios familiares avalaron su coartada, lo mismo que el remisero que lo trasladó de ida.

De todas formas, de Oberá a Alem hay sólo 20 kilómetros, distancia que en vehículo se recorre en pocos minutos.

En consecuencia, al menos para esta instancia del proceso, el juzgado interviniente consideró que existen elementos para el dictado de la prisión preventiva de ambos sospechosos.

Por otra parte, si bien en primera instancia se especuló con que el delincuente que tenía el arma disparó dos veces, posteriores pericias de la División Criminalística permitieron determinar que en realidad el supuesto segundo plomo hallado en la escena era en realidad una esquirla de la bala que impactó en el cráneo de la víctima. Es decir que el delincuente disparó una sola vez.

Ataque y agonía

Gómez fue asaltada por motochorros en su despensa de calle Piedrabuena esquina Colombia, en el barrio Loma Porá, de Oberá.

Según su propio relato antes de entrar en shock, los autores del hecho fueron dos motochorros que no se sacaron los cascos, uno de los cuales le disparó un tiro en la cabeza, a pesar de que no se resistió al asalto.

Si bien vecinos que la asistieron mencionaron que la mujer dijo que estaba por entregar la plata y que el ladrón igual le disparó, desde la Unidad Regional II informaron que Gómez dijo que no tenía dinero, lo que habría originado que le disparen.

En lo que no hay dudas es en que el testimonio de la comerciante direccionó la investigación hacia dos motochorros. Luego se sumó el aporte de vecinos, quienes no dieron detalles sustanciales sobre los autores.

También se procedió al análisis de las grabaciones de las cámaras de seguridad de la zona.

A consecuencia de la gravísima lesión, la mujer permaneció internada once días en el Hospital Samic en coma inducido con altas dosis de sedación en terapia intensiva y con asistencia respiratoria mecánica.

Desde un primer momento los profesionales a cargo reconocieron la imposibilidad de extraer la bala por el riesgo que implicaba el procedimiento, expectantes a la reducción de un edema que ejercía presión en la zona.

Incluso, por la gravedad del cuadro, ni siquiera fue posible realizar la intervención para extraer el coágulo.

Finalmente, el 13 de marzo se constató la muerte cerebral, tras lo cual fue desconectada de los mecanismos de respiración artificial y dejó de existir.

Siguiendo un deseo de la propia víctima, se evaluó la posibilidad de la ablación de órganos, lo que no se pudo concretar ya que el test de rigor arrojó positivo para Covid-19.

“Acto cobarde”

El crimen de la comerciante y catequista derivó en dos multitudinarias marchas por justicia en Oberá, ocasión en la que los vecinos alertaron sobre el avance de la delincuencia.

En tanto, el velatorio que se realizó en la Parroquia Cristo Rey, comunidad en que la víctima se desempeñaba como catequista.

El obispo de Oberá, monseñor Damián Bitar, destacó las bondades de Gómez, a la cual calificó como “una joven sencilla, humilde y luchadora de su pan de cada día”.

“Querida en esta parroquia, ya que trabajaba en la catequesis con grupos de jóvenes y, sobre todo, en un movimiento de oración y misión que es la renovación carismática”, precisó.

Con los padres y hermanos de Gómez devastados por la tragedia, Bitar fue la voz que interpretó el quebranto de la familia y la comunidad.

“La despedimos con dolor, emoción, indignación, eso no se nos va porque ha sido una muerte no querida por Dios. Por eso no decimos Dios la ha llamado, sino Dos la ha recibido. Su muerte fue adelantada por este acto cobarde y cruel de quienes delinquieron en su negocio y atentaron contra su vida”, remarcó.

En la ocasión, el obispo de Oberá apuntó al trasfondo de la drogadicción y sus nefastas consecuencias.

“Sin dudas que el efecto que está causando el consumo de drogas lleva a la locura, por eso hay adictos que en la locura le pegan a su madre y a su padre o atentan contra su vida. Creemos que detrás de este hecho delictivo debe haber sin duda consumo de drogas”, opinó.

El dolor de la familia

Roberto Gómez (58), el padre de la víctima, fue testigo directo del asalto a su hija, ya que hablaban por teléfono cuando fue abordada por los delincuentes.

“Eran pasadas las ocho y media de la noche cuando hablamos. Me atendió y me dijo que había cerrado un ratito el negocio porque los perros se escaparon y tuvo que buscarlos. Me dijo que ya los había atado y que estaba abriendo de vuelta. En eso escuché como si cayó una chapa. Entonces ella me dijo: ‘Papi, entraron a robar y me dispararon. Llamá a la Policía’”, detalló.

Ante tremenda secuencia, el progenitor se contactó Rafaela, otra hija que reside en Oberá, a quien le comentó lo sucedido y le pidió que avisé a la Policía.

Precisó que Gladis era la mayor de cinco hijos y la definió como “una hija excepcional, siempre pendiente de la familia y con ganas de ayudar a todos”.

Sobre las circunstancias del hecho y en función a lo que habló con su hija, opinó que “los delincuentes capaz pasaron y la vieron que estaba abriendo el negocio, ya era oscuro y estaba sola. Ella estaba desprevenida, porque justo estaba hablando conmigo cuando pasó”.

En tanto, se preguntó “por qué tanta maldad de dispararle, porque ella no se resistió”.

Por su parte, Rafaela Gómez mencionó que meses antes su hermana había sufrido un primer hecho de inseguridad en el mismo comercio de calle Piedrabuena.

“Fue un chico que entró para comprar algo y cuando ella se dio vuelta para darle el cambio, le robó el celular y salió corriendo”, detalló.

Rafaela fue la segunda integrante de la familia que se enteró del asalto, luego de recibir el llamado de su padre.

“Ella justo estaba hablando por teléfono con mi papá y le contó que le dispararon. Ahí me llamó para avisarme que algo pasó en el negocio de Gladis, y que llame a la Policía”, recordó.

El Territorio.