Las frases que marcaron el juicio por el horrendo homicidio de Hugo Wasyluk

“Las detenciones en nuestra zona no son formales. Las personas saben que la Policía llega y procede”. Así se defendió el ex sargento de la Policía de Misiones Pedro De Mattos durante el juicio por el homicidio de Hugo Miguel Wasyluk (38), cuyo cadáver fue hallado en una celda de la Seccional de Primera de Oberá en los primeros minutos del 27 de abril de 2011.

Ante el Tribunal Penal de Oberá el imputado dijo que abordaron a la víctima sin encender las luces del patrullero, reconociendo la irregularidad del procedimiento.

En este contexto, tanto la querella que representa los intereses de la familia Wasyluk como el ministerio fiscal coincidieron al solicitar la pena de prisión perpetua para el citado De Mattos, el ex cabo Carlos Antonio Gómez y el ex agente Ricardo Javier Rodríguez por considerarlos coautores del delito de tortura seguida de muerte.

Se trata de tres de los integrantes de la patrulla de la comisaría de Villa Bonita que el 25 de abril de 2011 detuvo, redujo y propinó una brutal paliza a la víctima, tras lo cual fue trasladado a Oberá y alojado en la Seccional Primera, donde falleció tras agonizar 27 horas sin asistencia médica.

Para los oficiales Jorge Antonio Heijo y Wilson Ricardo González, quienes completaron la comisión de Villa Bonita, la querella solicitó 15 y 10 años de prisión, respectivamente; mientras que la fiscalía pidió 12 y 8, respectivamente, por no hacer cesar las torturas ni denunciarlas.

Para el comisario mayor retirado Miguel Ángel Espíndola, quien era el jefe de la Seccional Primera, la querella solicitó 5 años de cárcel y la fiscalía 6, el doble de lo planteado para el personal subalterno que subestimó la gravedad del cuadro de Wasyluk.

“Eso fue una masacre”

Tras ocho jornadas de debate oral, el martes el Tribunal dictará sentencia para los trece policías imputados.

En sus respectivos alegados, los querellantes Rafael Pereyra Pigerl y María Vannela Vignolles y los fiscales subrogantes Myriam Silke y Elías Bys plasmaron una serie de pruebas contra los implicados y graficaron el calvario que padeció la víctima.

El Territorio cubrió todas las audiencias y extrajo las frases más resonantes del juicio de un hecho icónico de la violencia institucional en Misiones.

“De Mattos y Gómez lo golpearon con bastones. Yo no vi que Wasyluk tenía un cuchillo. Gómez le daba rodillazos en el pecho y le decía que era para que no se meta más con la Policía”, declaró el propio imputado Rodríguez en la instrucción, tal como se leyó en el debate.

Desde un primer momento, el sumario de Villa Bonita argumentó que la víctima atacó a los policías con un cuchillo, por lo que tuvieron que extremar la fuerza. Nunca contaron que golpearon a Wasyluk estando esposado, como determinó la autopsia.

“De Mattos me mostró el cuchillo, pero nadie me dijo que estaba herido y no vi sangre en el cuchillo”, declaró el testigo Marcelo Mojsiuk.

Elvio Neris, quien la noche del 25 de abril se hallaba detenido en Villa Bonita, aseguró ante el Tribunal que “Wasyluk estaba esposado en la comisaría y los policías le pegaron mucho. Le dieron una terrible golpiza. Él pedía por favor que paren, se escuchaba clarito. Decía: ‘por favor déjenme’. Eso fue una masacre”.

“Escuché gritos de mi hermano y ruido de chicotazos (…) Vi que un policía le dio una patada sobre la camioneta y después lo tiró sobre las piedras. Estaba esposado en ese momento”, testificó Ana Wasyluk.

“Estaba con mucho dolor”

Antes de arribar a la Seccional Primera, la comisión de Villa Bonita trasladó al detenido hasta el campito de los médicos, de Oberá, donde fue examinado por el médico policial José Orlando Morales, quien sólo rubricó lesiones superficiales.

Una vez en la Primera, según declaró el imputado Gustavo Javier Fontana, Wasyluk “estaba sentado en un banco del frente de la dependencia, con las manos esposadas atrás. En eso le miró a De Mattos y le dijo que no se acerque. Le dije tranquilo, que ya estaba en la comisaría”.

Nelson Orlando Cáceres, policía que no fue imputado, precisó que el 26 de abril a las 7 tomó su guardia en la Primera y habló con Wasyluk:”Se lo notaba dolorido por su forma de moverse y expresarse. Su voz era muy baja. Me dijo que estaba con mucho dolor en el cuerpo. Estaba acostado en posición fetal en la cucheta. Se levantó y me dijo que tenía dolor en el cuerpo”.

“Silva (jefe de guardia imputado) dijo que deje constancia que pedía para ir al hospital. A las 17.30 (Wasyluk) estaba dormido, lo llamé y sin darse vuelta ni levantarse me dijo que le dolía mucho el cuerpo. Le avisé de eso a Silva”, detalló Cáceres, ratificando que la superioridad estaba al tanto del malestar del detenido.

Cristian Sena declaró que durante la guardia le preguntó quién lo había golpeado, a lo que Wasyluk respondió: “Los que me trajeron anoche”.

“Caminaba despacito, estaba sin remera y se le notaban golpes de bastones de goma en el pecho y la cara (…) La superioridad sabía que estaba golpeado. Escuché que Silva y Cáceres iban a dejar constancia que la avisaron al jefe”, indicó.

“Se les fue la mano”

Otra de las frases que resonaron en el Tribunal fue lanzada por Espíndola: “En Villa Bonita se les fue la mano y me confié en el certificado médico”. De esta manera trató de minimizar su responsabilidad como jefe de la Primera.

El argumento defensivo de Espíndola y sus subalternos fue que Wasyluk nunca pidió auxilio, lo que no sólo fue desacreditado por el relato de otros policías, sino que quedó plasmado en el libro de guardia.

Pero según el oficial Carlos Ariel Lentini “el libro de guardia es una herramienta antigua”.

El suboficial Sandro Días Pompeu -no imputado- mencionó que el 26 de abril de 2011 entró de guardia a las 19, bajo el mando de Lentini, y corroboró que los superiores subestimaron el cuadro del detenido.

“Como era Hugo Wasyluk se evaluó que no era necesario llevarlo al médico, porque era un detenido que siempre pedía para ir al Hospital”, declaró Días Pompeu.

Marcelo Antoniuk, quien el 26 de abril estuvo como chofer de guardia, indicó que esa tarde se dirigió a la cuadra para higienizarse, circunstancia en la que vio y saludó a Wasyluk que se hallaba solo en su celda.

“Tenía la camisa desprendida y se notaban las marcas de cachiporras en el pecho (…) Le pregunté cómo estaba y me hizo una seña con la cabeza, como diciendo mirame”, precisó.

Otro policía, Eduardo Villareo, declaró: “Tenía una marca roja en el pecho y la boca lastimada. No estaba agresivo (…) Sólo decía mamá, traeme una frazada”.

Ricardo Espinoza, quien estaba preso en la Primera, aseguró que “a la noche gritaba y pedía por la mamá de él, y también pedía agua. Que era como una queja, un lamento”.

“Ninguna lesión defensiva”

En una audiencia del juicio se exhibieron las fotos del cadáver de la víctima. Horacio Marín, médico forense que realizó la autopsia junto a su par Gabriel Flores, detalló que el deceso fue originado por “lesiones gravísimas” en diferentes partes del cuerpo.

Se marcaron traumatismos en el tórax y marcas compatibles con el enrejado de la carrocería del móvil policial, lo que corrobora que estando tendido boca abajo, la víctima padeció el aplastamiento de por lo menos dos personas.

También tenía marcas de bastonazos de goma en el pecho, lesiones en las muñecas por las esposas, múltiples hematomas en piernas y brazos, cabeza y cuello.

Como contrapartida, el profesional indicó que “no se observa ninguna lesión defensiva en las manos. Y las lesiones en muñecas indican que estaba esposado”. Esto confirma que Wasyluk estaba indefenso y no pudo resistirse.

El deceso se produjo por asfixia por aspiración de su propia materia fecal. “Los pulmones se llenaron de líquido intestinal”, precisó el forense.

Previamente llegó a un estado de obnubilación y pérdida de conciencia, lo que demanda varias horas para desencadenar el deceso, señaló, lo que marca la agonía de la víctima.

El examen forense descartó la presencia de sustancias tóxicas en el cuerpo de la víctima.

“Como en la dictadura”

En su alegato, el querellante Pereyra Pigerl subrayó: “Acá percibimos que todos los testigos tuvieron miedo, civiles y policías. A pesar de eso, Neris contó cómo Hugo fue apaleado, pisoteado y pedía por favor que paren. Cuando vieron que la tortura fue en exceso decidieron deshacerse del detenido (…) Trucharon un expediente por resistencia para justificar los terribles actos de tortura que cometieron contra Hugo”.

Remarcó que ni los testigos ni cuatro de los cinco policías que lo detuvieron vieron a Wasyluk con el cuchillo, supuestamente, “porque el cuchillo nunca existió, salvo en el sumario trucho”, opinó.

Detalló que De Mattos y Gómez lo golpearon a la víctima con tonfa y bastón de goma, y el enrejado que quedó grabado en su pecho es el calco del piso del móvil de Villa Bonita.

“La prueba científica es el ADN de todo lo que sufrió Hugo Wasyluk”, explicó.

“Hugo podría haber tenido un tiro y el médico policial no se hubiera dado cuenta. El proceder de Morales fue aberrante. Ni siquiera le abrió la campera”, remarcó Pereyra Pigerl.

Y agregó: “Murió ahogado de la peor forma: por sus propias heces. No recuerdo un caso tan aberrante, salvo 40 años atrás en la dictadura militar. Lamento que nuestra Policía haya actuado de esta forma, como en la época de la dictadura militar. Si algo no se puede tolerar es la tortura y menos por parte de la Policía”.

“Un acto vil y cobarde”

A su turno, la fiscal Silke se refirió a las responsabilidades de la comisión de Villa Bonita y del médico policial.

“La Policía debe infundir respeto, no miedo. Deben preservar la vida, no quitarla. Estamos ante uno de los delitos más graves del Código Penal, que es la tortura seguida de muerte. Por eso debe ser una condena ejemplar. Esto no puede volver a suceder”, subrayó Silke.

También cuestionó el argumento de la presunta resistencia a la autoridad: “Los testigos no vieron que Wasyluk haya tenido el cuchillo incautado, y los imputados dieron diferentes versiones. Incluso, Rodríguez dijo que De Mattos y Gómez se autolesionaron para justificar la golpiza”.

Sobre el médico policial, opinó que “su accionar fue vergonzoso. Lo miró de lejos debajo de una farola. No lo hizo bajar de la camioneta. Le mostraron lo que querían que viera. Su comportamiento fue aberrante y contribuyó al fatal desenlace. Si hubiera cumplido su labor, tal vez Hugo estaría con su familia”.

Antes de solicitar las penas, la fiscal remarcó que “la tortura consiste en no reconocer la humanidad del otro. Es un acto vil y cobarde. Rodríguez dijo que mientras lo golpeaba, Gómez le decía a Wasyluk que era para que aprenda a no meterse con la Policía. Por vestir un uniforme actuaron con desprecio por la vida humana. Lo torturaron esposado, cual animal indigno, para mellar su personalidad”.

“Fue molido a palos”

El alegato de Bys fue contundente respecto del accionar del personal de la Primera.

“Wasyluk venía de una tortura de barbarie para entrar a una tortura de omisión”, opinó.

Dijo que al momento de recibirlo, Fontana marcó discrepancias con el certificado de Morales y ello se plasmó en el libro de guardia, aunque no pidieron asistencia médica.

“El libro de guardia es la historia clínica policial de cómo iba muriendo Wasyluk. Se anotó pero no se actuó”, graficó Bys.

Y agregó: “De buena salud a muerte en menos de 30 horas. Fue molido a palos. Pero como era un fortachón había que tenerlo atado y darle hasta reventarlo”.

“Nadie hizo nada porque había un pacto de silencio entre policías y configuraron la peor de las muertes. Pero la verdad es como el sol, una vez que empieza a asomar no la puedan tapar con manotazos”, concluyó el fiscal.

Ninguna de las frases dichas en el debate pasó desapercibida para Bárbara Chitouski (83), madre de la víctima, quien a pesar de sus problemas de salud asistió a todas las audiencias.

“Escuchar que mi hijo agonizaba y pedía por mí me partió el corazón. No entiendo cómo hay personas tan malas. Dejar que se muera así. No tiene perdón. Yo creo en la justicia, y sobre todo creo en la justicia de Dios. Pero esta pena no se cura con nada”, reflexionó en diálogo con El Territorio.

El Territorio.