Muchos obereños optan por llevar las cenizas de sus familiares al cinerario

“Cumplimos cuatro años el pasado mes de febrero, es uno de los pioneros de la provincia. En cuanto a números, fueron depositados hasta hoy, las cenizas de 120 personas”, comentó Ariel Manavella, Párroco de la Catedral a PRIMERA EDICIÓN.

“De los cuales un alto porcentaje son personas que han fallecido en estos años, pero también hay un alto porcentaje de familias que han trasladado a sus seres queridos fallecidos décadas atrás”, explicó.

Mantener el compromiso de visitar, cuidar las tumbas o nichos en espacios como cementerios, suele darse en la primera línea de descendientes de la persona fallecida, por lo que el cinerario es una opción válida para quienes se preocupan por esa cuestión. “Cumple la función, por un lado, de ser una obra de misericordia, acoger el sufrimiento, dolor y permitir una solución para el depósito de las cenizas.

Además permite a las familias poder cerrar etapas, porque muchas personas se angustian por la situación de que ya sus hijos no están en la ciudad, ni en la provincia y piensan que cuando ya no estén, a las tumbas de sus padres o abuelos ya no va ir nadie. Así que es una opción para esa etapa difícil”, reflexionó el Manavella.

En ese sentido, el párroco reconoció que hay un cambio de mirada y una tolerancia creciente a la cremación, incluso a los velorios breves que impuso la pandemia.

“Años atrás se contemplaba mucho menos, la sociedad no permitía velorios cortos, había una serie de juicios al respecto. La pandemia cambió totalmente eso, ya no creo que se vuelva a velorios de todo un día, actualmente hay una conciencia de que ese momento se puede vivir de otra manera, el sufrimiento se acompaña desde otro lugar”, manifestó.

Los dos primeros años fueron contados, alrededor de 30 los depósitos que se hicieron. “Entre los años 2020 y 2021 ese número se incrementó, pero no sólo por la pandemia, sino porque se conoce más lo que significa y por los traslados de cenizas de restos óseos de personas fallecidas hace mucho tiempo. Tuvimos depósito de cenizas de ocho personas de un mismo grupo familiar. Es que es lógico que la memoria se pierda, por lo que es una solución para algo inevitable”, remarcó.

Sobre la capacidad del cinerario, Manavella dijo que no es fácil de calcular, pero “es un espacio muy grande, incluso si quedara limitado, hay cómo agrandar, sin tener que modificar prácticamente nada, eso fue previsto”, subrayó.

REPOSO FINAL. El cinerario de la Catedral de Oberá tiene un espacio para la visita de familiares a sus difuntos.

Primera Edición.