Padre reclama saber de qué falleció su hijo hace nueve meses en Oberá

A principios de noviembre del año pasado, Esteban “Oti” Giménez (28) se hallaba acampando con su novia en el Complejo Turístico Salto Berrondo de Oberá. Recorrían Misiones en bicicleta y estaban maravillados por el entorno natural, al punto que habían decidido instalarse en la provincia.

Él era músico, ella es artesana y estaba embarazada de cuatro meses, querían formar una familia y tenían muchos proyectos. Pero el 7 de noviembre, antes del mediodía, Giménez salió a caminar por el Berrondo y nunca regresó a su campamento.

Su cadáver fue encontrado dos semanas más tarde, a unos 500 metros del lugar donde había instalado su carpa. En principio, desde la Unidad Regional II de Policía informaron que se trataba de un presunto suicidio.

El cuerpo se hallaba en avanzado estado de descomposición, a su lado había una soga y entre las prendas se halló su DNI, por lo que la identificación fue inmediata.

De todas formas, transcurridos nueve meses del hecho, Juan Esteban Giménez (52) tiene más dudas que certezas y hasta ahora ni siquiera sabe la causa del deceso de su hijo, ya que desde el juzgado interviniente aún no le notificaron el resultado de la autopsia.

Preventivamente, la causa fue caratulada como “averiguación por muerte dudosa”. El expediente está a cargo del juez Pedro Piriz, subrogante del Juzgado de Instrucción Uno de Oberá.

“La verdad no creo que mi hijo se haya suicidado. Estaba por ser padre, tenía proyectos y estaba en una búsqueda positiva para su vida. Y si se suicidó, la pregunta es por qué no nos dan el resultado de la autopsia”, subrayó el progenitor.

También marcó contradicciones en la investigación policial, como las dos versiones de la soga utilizada en el presunto suicidio que constan en el expediente.

Dolor y dudas

Giménez charló con El Territorio desde la localidad de Los Antiguos, provincia de Santa Cruz, donde reside, ya jubilado como docente de frontera.

“No podés entender, sólo tenés ganas de llorar. Además de la pérdida, está la incertidumbre de no saber qué pasó”, reflexionó a 3.200 kilómetros de Misiones, ya en el límite con Chile.

Contó que en abril nació su nieta, la hija que Esteban no pudo conocer. El muchacho era el mayor de seis hijos.

Esteban Giménez ya había estado en Misiones, pero era la primera vez que su novia visitaba la provincia. Se movilizaban en bicicleta y vendían artesanías.

Habían estado en Puerto Iguazú y luego bajaron hacia Oberá, donde se instalaron en el Berrondo.

La mañana de la desaparición la pareja había discutido, pero no fue nada extremo, según precisó la joven después.

“La novia hizo la denuncia en la Seccional Tercera y me tuvo al tanto de la búsqueda. La Policía y los Bomberos rastrillaron la zona, pero no encontraron nada. Recién el 21 de noviembre, dos semanas después de la desaparición, unos chicos menores que andaban caminando encontraron el cuerpo a unos 500 metros del lugar donde había acampado mi hijo”, detalló.

Destrozado por la noticia, Giménez tomó dos aviones y dos micros para llegar hasta Oberá.
Al respecto, mencionó que fue hasta el lugar del hallazgo, en el Salto Berrondo, lo que no hizo más que acentuar sus dudas.

“Nunca me cerró que se haya ahorcado ahí. Yo me colgué del único arbusto del lugar, donde supuestamente se ahorcó, pero no resistió mi peso y toqué el suelo, siendo que tengo la misma talla que tenía mi hijo”, explicó.

En el lugar del hallazgo del cadáver estaba la billetera del joven con algo de dinero, por lo que se descartó la hipótesis del robo.

Sin respuestas

El lugar del hallazgo fue el primer interrogante que se planteó el padre del joven fallecido, ya que en el expediente se cita que personal policial y de Bomberos Voluntarios, junto a la brigada canina K9, rastrillaron toda la zona sin resultados.

“Dicen que pasaron por ahí pero unos chicos fueron quienes encontraron el cuerpo, eso que estaba muy cerca del salto. Por eso digo que el rastrillaje de la Policía y Bomberos Voluntarios no se realizó en ese lugar, al contrario de lo que ellos dicen”, remarcó Giménez.

Otra duda tiene que ver con el tipo de cuerda utilizada en el presunto suicidio, ya que “en el sumario policial que consta en el expediente dice que encontraron una soga blanca de seis metros; pero en la siguiente foja dice que era una soga blanca con puntos negros de 70 centímetros de largo. Es todo raro”.

Así como aún no obtuvieron el informe de autopsia, a la querella tampoco le notificaron el resultado de las pericias de ADN sobre la soga hallada en el lugar del hecho.

En ese contexto, a través de su abogada, la semana pasada solicitó que se investigue el accionar de los responsables de elevar los estudios forense y genético a la justicia.

“Ya pasaron nueve meses y no se pudo avanzar nada. El fiscal (Elías) Bys argumenta que no hizo nada porque no tiene la autopsia ni se peritó la soga. Todo muy irregular”, alertó.

Giménez mencionó que leer detalles del caso de Josías Galeano (15), cuyo cadáver fue hallado en un bañado a las afueras de Oberá, le hizo recordar la situación vivida con su hijo.

“Noté varias circunstancias similares, como ser que los cuerpos fueron encontrados en zonas que ya habían sido rastrilladas, supuestamente. Como que las cosas no se hacen bien y generan interrogantes”, opinó.

Permiso de inhumación por dos años

Entre las suspicacias que rondan el caso de Esteban Giménez, su padre comentó que un policía fue testigo del hallazgo del cadáver.

En tal sentido, opinó que “es llamativo, no digo que esté mal, porque desconozco como se actúa en estos casos, pero el mismo policía que se encontraba en la zona haciendo un control vehicular también es el testigo, habiendo otras personas que lo podrían haber hecho. Entiendo que había una enfermera en el lugar, que debido a la magnitud del hecho -me refiero a la impresión de encontrar un cadáver en ese estado- podría haber sido testigo”, opinó.

Por otra parte, ante la eventualidad de tener que realizar nuevas pericias sobre el cuerpo, el progenitor decidió inhumar los restos en el cementerio de Oberá, donde se encontró con la dificultad que sólo se puede sepultar a quienes eran residentes.

De todas formas, agradeció la intervención de funcionarios municipales que entendieron la situación y autorizaron un permiso especial por dos años.

“Mi preocupación es que a este ritmo la causa no avanza, si seguimos así no vamos a tener respuestas y en poco más de un año se vence el plazo de dos que nos dieron y vamos a tener que retirar los restos. Hasta ahora no sabemos ni lo elemental, que es cómo murió mi hijo”, reclamó.

El Territorio.