Policías admitieron que restaron importancia a las alertas sobre el estado de Wasyluk

El 25 de abril de 2011, poco antes de las 23 y más de una hora después de que Hugo Miguel Wasyluk (38) fuera ingresado a la comisaría Primera de Oberá -luego de que se negaran a alojarlo en la Segunda-, el por entonces jefe de guardia, Gustavo Javier Fontana, dejó asentado en el libro interno que el detenido presentaba más lesiones que las descritas en el certificado emitido por el entonces médico policial José Orlando Morales (también imputado en la causa).

Al otro día (26 de abril) otro uniformado perteneciente a una nueva guardia, Luis Alberto Silva, dio cuenta al oficial de servicio, Hugo Ariel Basaraba, que vio al detenido acostado en posición fetal y decía: “Estoy jodido, necesito un médico. En serio estoy hablando” e incluso “que había pedido pastillas”.

La misma jornada pero en la noche, otro policía, Alejandro Fabián Núñez, como parte de otra guardia informó a quien era oficial de servicio, Carlos Ariel Lentini, que Wasyluk le dijo que “no podía cagar” pero que “estaba tranquilo”.

Pese a una serie de alertas emitidas a lo largo de 27 horas, ninguno de los policías ordenó una segunda revisión del detenido o el traslado al hospital, es más, algunos ni siquiera se habían enterado de que tenía marcas en brazos y cuello que no figuraban en el certificado porque no habían leído en el libro de guardia “la novedad” que había dejado sentada Fontana.

El pedido de pastillas lo asociaron con su adicción y constante consumo (dijeron) en tanto que consideraron que la imposibilidad de defecar a la que la víctima hizo referencia “no llamó la atención”.

En ese contexto, esta mañana, en la tercera jornada de debate oral, dos de los trece policías que están siendo juzgados por el Tribunal Penal Uno, integrado por Francisco Aguirre (presidente), José Pablo Rivero y Jorge Erasmo Villalba, admitieron implícitamente que subestimaron la situación y no actuaron como debieron.

Se trata de Fontana y Lentini, acusados de incumplimiento de los deberes de funcionarios públicos. El primero fue quien detectó marcas en las muñecas y cuello que no figuraban en un certificado dudoso en razón de los borrones y sobre marcaciones que tenía, dejando escrito en el libro de guardia pero sin avisar al oficial de servicio de manera inmediata ni ordenar una segunda revisión y el segundo es quien encontró al detenido sin vida sentado sobre el inodoro turco, en las primeras horas del 27 de abril.

La fiscal Sylke interrogando a Fontana.

“No se quejaba”

El primero en declarar ante los jueces fue Fontana, recordando que el 25 de abril a las 19 tomó su guardia en la Primera y en ese punto, antes de seguir, aclaró que con la Segunda se turnan de manera mensual para alojar a los detenidos. “Mes impar la Primera y mes par la Segunda. Ese mes no estábamos de turno. La oficial (Roxana Andrea) Harasimezuk me avisó por teléfono que iban a traer un detenido y le dije que no iba a recibirlo. En un momento llegó la comisión de Villa Bonita y descienden Heijo, Gómez, De Matos y Rodriguez. Ingresa primero Heijo, a cargo de la patrulla, y le dije que no iba a recibir al detenido pero después apareció una orden superior”, declaró.

Recordó que “Wasyluk se sentó en un banco, esposado, con las manos atrás, me miró y me dijo ‘¿Negrito cómo estás”. En un momento le mira De Mattos y pide que no se acerque, pide que le quite las esposas. En eso se remanga la campera que tenía puesta y noto marcas más arriba de la muñeca. Mirando el certificado, era un fax y mirándole a la cara al detenido vi que tenía excoriaciones en rostro y tórax, como decía, pero no especificaba otra cosa. También vi una marca roja en el cuello cuando se movió la campera. Todo eso que vi anoté en el libro de guardia”.

Fontana contó que a eso de las 22 lo alojó en un calabozo “y me dijo mamá traeme comida y dame agua que tengo sed. Le di agua. Esa noche pedía cigarrillos, una frazada que le di una porque estaba frío. En el conteo después estaba parado en la puerta, no se quejaba y el 26 me fui de franco”.

Interrogado por la fiscal Myriam Silke, Fontana se desligó de la responsabilidad de haberle dado atención a las lesiones que tenía Wasyluk en el brazo diciendo que “al ver que venía con certificado medico le corresponde a la comisaría actuante tramitar la intervención del forense”. En este caso a la dependencia de Villa Bonita.

Y sobre las lesiones admitió que “no indagué más, supuse que eran de las esposas. Le informé a Espíndola al otro día pero no se hizo más nada. Eran como raspaduras y eso no implicaba gravedad para atenderlo Él tampoco nunca manifestó dolor, no se quejó”.

Lentini fue quien encontró a Wasyluk muerto en su celda.

“Cara sucia y despeinado”

En cuanto a Lentini, contó que ingresó a su guardia el 26 de abril a las 19, y poco después fue a ver a los detenidos. “Estaba solo en la celda, acostado, se acercó y le pregunté si estaba bien y por qué motivo estaba preso. Tenía pantalón, campera, la cara sucia y bastante despeinado”.

Poco antes de las 22 uno de los uniformados hizo el conteo de presos y fue cuando Wasyluk “dijo que estaba todo bien, pero que fue al baño y no podía cagar”. Eso le contó el policía a Lentini pero pasó desapercibido.

“Cerca de la medianoche me avisaron que parece que estaba durmiendo en el baño. Ingreso a su celda, voy al baño y veo que estaba sentado en el inodoro con las manos apoyadas en el piso y la cabeza gacha. Estaba frío, sin remera. Le alumbré el abdomen y noté que no respiraba. Le quiero tomar el pulso y noté rigidez”, detalló por lo que puso “bajo custodia la celda con candado, le aviso a (Marcelo) Chimiski (era jefe de la comisaría de Villa Bonita) y a (Miguel Ángel) Espíndola (era jefe de la Primera), quien se ocupa de avisar a la justicia y criminalística.

Preguntado principalmente por la querella, representada por los abogados Rafael Pereyra Pigerl y Vannela Vignolles, y por la fiscal Silke, Lentini dijo no saber que Wasyluk había sido golpeado salvajemente por los policías que lo detuvieron en Villa Bonita y en ese punto aseguró que “desconocía que estaba pidiendo pastillas o que lo lleven al médico”.

Sobre la actitud que tomó cuando le avisaron que el detenido no podía hacer caca explicó que “no tome ninguna actitud porque eso no amerita una atención médica urgente. Era una situación normal, yo mismo desde que empezó el juicio no puedo ir al baño, por los nervios”, comparó y puntualizó que “recién ahora se que tuvo una detención y tuvo un conflicto”, en relación a la golpiza que le dieron -según la acusación- los policías Pedro De Mattos, Carlos Antonio Gómez y Ricardo Javier Rodíguez, quienes se enfrentan a la posibilidad de recibir una pena de prisión perpetua si son declarados culpables.

El Territorio.