Tras la muerte de un bebé desplazaron a dos médicos del SAMIC de Oberá

Luego de la denuncia por la muerte de un bebé recién nacido, las autoridades del Hospital SAMIC de Oberá confirmaron que apartaron temporariamente de sus puestos (mientras avanza una investigación) a un médico y a la obstetra que atendió el caso durante la internación de la madre. Este caso desató la polémica en Oberá, donde otras mujeres se animaron a contar situaciones de presunta violencia obstétrica.

PRIMERA EDICIÓN habló con Talía González, la mamá de Izan Tahiel. “Entregué a mi abogado todos los papeles y pruebas correspondientes para iniciar el proceso de acción legal contra la obstetra y el médico del Hospital. Tengo las ecografías y laboratorios hechos, donde era todo normal antes de ingresar a internación”, aseguró.

Detalló que “el jueves 25 de marzo me interné a las 10 de la mañana porque tenía la presión muy alta. Estaba de 40 semanas sin contracciones ni nada. Ahí estuve ocho horas con la bolsa rota y mi bebé perdió mucho oxígeno. Cuando nació todos sus órganos fueron afectados y casi no tenía signos vitales, así que lo reanimaron y fue internado en Neonatología, intubado con oxígeno. Mi bebé estuvo hasta el miércoles 31 de marzo y falleció a las 23.30 horas. Estuvo varios días sin despertar y directamente nunca vio la luz del día”.

Antes del parto, “desde que ingresé, los familiares sólo podían entrar al mediodía unos minutos, aparte éramos seis personas en el cuarto y se permitía una visita a la vez en la sala. Luego de romper bolsa y cuando me desvanecí, pedía que por favor llamen a la médica pero me decían que no podían, que estaba con otro paciente, que tuvo una guardia difícil y no había que molestarla”, indicó la denunciante.

González aseguró que “así me dejaron desde las 10 de la mañana hasta las 16.40 horas. Cuando sentí que no podía más, le grité al otro médico y me dijo que baje de la camilla para ir a sala de parto. Al subirme le dije que el bebé ya estaba y me responde ‘no me esperó ni a que me cambie’. No escuché a mi bebé llorar y al preguntar qué sucedía, me dijo que sólo le faltó un poco de oxígeno pero que iba a estar bien. Entonces vinieron muchas enfermeras, un pediatra y lo llevaron a Neonatología”.

En medio de su dolor, precisó también: “Cuando me ponen en la sala, me explicaron todo lo que había pasado y entonces me largué a llorar, a lo que me dijo que no lo haga porque sino no iba a conocer a mi bebé. Recién a las 21 horas pude verlo y estaba con respirador, así que lloré mucho pero me seguían diciendo que ahí no se llora porque los bebés sentían todo”.

Tras difundir lo sucedido “me escribieron muchas madres a las que les pasó lo mismo, pero fui una de las primeras que se animó a denunciar esto a través de una Fiscalía y con abogados. Todas las que escucharon mi historia armaron un grupo y ahora pedimos un centro en el nuevo hospital con profesionales capacitados. Al director del Hospital le dije que deberían ser más humanos y apartar a esta médica desde el primer día en que sucedió mi caso para que no le pase lo mismo a ninguna mamá”, puntualizó.

En investigación
El director del SAMIC de Oberá, Héctor González, aseguró que “cuando ocurre un caso como este, el hospital en sí tiene un Comité interno para la mortalidad materna e infantil, donde se hace un análisis exhaustivo de las causas de la muerte, donde se ve si realmente fueron causas relacionadas al manejo del profesional. Desde el Comité elevamos un informe sobre la mortalidad al Ministerio de Salud, donde también analizan -a través de la ficha médica- si hubo inconvenientes durante la estadía o hubo otras complicaciones”.

Remarcó González que “esto continúa en investigación y faltarían ver detalles para constatar si corresponde o no un tipo de sanción al personal. Mientras tanto, al ser una causa donde hubo un fallecido, las dos personas -tanto al médico como a la partera involucrados- preventivamente fueron separados hasta que se defina lo que sucedió. Por fuera del hospital, lo que la persona damnificada quiera hacer, corre por su cuenta. En nuestro caso iniciamos un proceso interno para investigar”.

Protestarán por la presunta violencia obstétrica en el hospital
Tras conocerse la muerte de Izan Tahiel, otras mujeres compartieron sus experiencias y se unieron en un reclamo: que no se den casos de violencia obstétrica. De momento, pautaron una protesta para el 17 de abril frente al SAMIC de Oberá.

“Conformamos un grupo donde decidimos hablar con los medios, porque muchos no quieren denunciar ni dar sus nombres. Está en planes hacer una marcha cuando vengan a inaugurar el Hospital”, anticipó Marisa Machado.

Sobre su experiencia personal, Machado contó que “cuando llegué al último control con 41 semanas me advirtieron que no podía tener un parto normal, sino con cesárea. Con la derivación, lo primero que me hicieron es tacto, donde me dijeron que me faltaba mucho. Todo el tiempo cambiaban de guardia y la siguiente partera me dijo lo mismo, que faltaba aún. Tampoco me hicieron otros análisis”.

“Recién al tercer día me hicieron una ecografía y me dijeron que casi no aparecía agua en la bolsa. En ese momento me sacaron el celular antes de entrar a la sala de parto y tampoco pude tener acompañante. Me empecé a sentir muy mal y lo último que recuerdo fue que mi papá llegó. Al verme, deciden retirarme para (llevarla) a una clínica. Mi hija nació ahogada pero gracias a Dios la salvamos”, recordó la mujer.

La atención del parto en la pandemia
El director del SAMIC Oberá, Héctor González, aseguró que “hablé con algunas de estas madres para brindar el apoyo y contención necesaria, también para invitar a que conformen una Comisión para hablar con las embarazadas, dentro de las limitaciones de la pandemia. Quedaron en hacer reuniones y presentar también un petitorio”. Para el nosocomio, “el Ministerio también aportará recurso humano para Maternidad”, añadió.

En materia de atención, contó que “tenemos muchos partos y somos un centro de derivación al ser hospital Nivel III. Por lo tanto, llegan pacientes principalmente de toda la Zona Centro. También hay embarazadas que dan positivo (para COVID), en su mayoría asintomáticas, y necesitan personal exclusivo para atender esos casos”.

González contó que “armamos un Comité para mejorar la atención de embarazo y parto, con todas las limitaciones que tenemos. Antes se podía ingresar con un acompañante o dos, ahora hasta la embarazada tiene que ser hisopada antes de entrar a sala y ello genera todo un problema”.
Antes del COVID, “teníamos charlas, gimnasios prepartos, para mejorar las relaciones. Además, es mucho mejor que entre con su madre que sola pero la pandemia limitó todo”, agregó.

Primera Edición.